El presente Blog reúne distintos conocimientos de Ariosofía, Ocultismo, Runosofía Odinica, Alquimia, Luciferianismo, Sabiduría Hiperbórea, Tantrismo, Hitlerismo Esotérico, Gnosis, etc… todos ellos enfocados hacia la liberación del Espíritu y el despertar de la energía interna de sus Iniciados.

Este Blog recopila distintos documentos encontrados en libros, paginas de la red, intercambio con otras personas que saben sobre el tema y escritos del creador de este espacio, pero he de aclarar, lo subido esta ordenado según el sistema de mi propia visión y aprendizaje.

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jueves, 17 de marzo de 2011

ODIN Y LA INICIACION RUNICA

Desde el descenso a las más oscuras profundidades el Virya se
transmuta y se eleva a los más lejanos cielos.

Son ya conocidos los usos profanos que se le han dado a las runas como fonemas que constituyen la estructura de un lenguaje hablado y escrito. A un nivel más esotérico se conocen sus usos para la adivinación o relación sincronística de acontecimientos; así mismo para actividades en el campo de la magia referentes a la protección, defensa y ataque ante los rivales; para los rituales que invoquen el bienestar, la salud y las riquezas; para la invocación o
evocación de fuerzas que propicien la victoria y el éxito en las batallas, los viajes y las conquistas.

Sin embargo todo lo anterior entraría a formar parte del marco de una magia menor, o pequeña obra, o más exactamente pequeña guerra como se diría en el Islam Chiita, la guerra enquistada en el mundo exterior fenoménico. Pero en un ámbito diferente se enmarcaría lo relacionado a la gran obra o gran guerra desata en el interior de cada virya y mago de las runas. De esto mismo nos hablaba Guido Von List al referirse al triple significado de las runas: uno exotérico de conocimiento profano y común, otro más especializado referente a un círculo esotérico exterior, y finalmente un tercer significado para un círculo más interno solo accesible a aquel que siga un camino de iniciación y de verdadera gnosis, una completa mutación interior.
El despertar e invocación de las fuerzas rúnicas puede generar paulatinamente un proceso de transformación y endurecimiento interior similar al que se experimenta en determinadas ciencias esotéricas como en la Alquimia y el Tantrismo o magia sexual. Se dice endurecimiento porque el objetivo en éstas prácticas es crear una fuerza sutil pero poderosa, concentrada e impenetrable similar a un diamante o a un cristal. El objetivo es formar y consolidar una esencia espiritual ”durísima” que no solamente sirva como soporte para sobrellevar los acontecimientos durante la vida cotidiana sino que también sobreviva a la crisis de la muerte del cuerpo humano (microcosmos) y al posterior momento en que los elementos ligados al alma y al “doble” o cuerpo astral se diluyan en las aguas del devenir del macrocosmos, como una gota de agua que es reabsorbida en un océano psíquico.
A éste cuerpo sutil o doble del cuerpo físico se le conoce como “Linga Sarira” en sánscrito, “ánima” en latín y “psyche” en Griego; en la tradición nórdica se le ha denominado como “Vard”. El cuerpo sutil se encuentra apegado a las emociones y sentimientos del alma, la cual si no es lo suficientemente controlada y transformada desde un centro y principio espiritual superior adquiere un carácter femenino en sentido perjudicial, entrando en una mecánica diseñada para sentir placer con el sufrimiento (masoquismo).
Partiendo desde un principio incondicionado y perenne, superior al alma, tanto la alquimia como el tantrismo buscan generar un matrimonio interior, en el cual el iniciado se recrea a si mismo, da nacimiento a nuevo ser cuyas miradas están fijadas hacia un centro-Vril análogo a su pareja original perdida en la noche de los tiempos y en la precipitación del espíritu divino en el universo material regido por la ley de la dualidad. La pareja original puede de manera sincronística ser reflejada en una persona o acontecimiento del mundo exterior como soporte o anclaje para la labor de transfiguración interior. El virya debe pasar por las etapas que en la alquimia se denominan como Nigredo, Albedo y Rubedo (referentes a los colores Negro, blanco y rojo). La primera se relaciona a la muerte iniciática de Odin en la cual el virya se autocrucifica y voluntariamente accede a las regiones de Hel, al mundo de los muertos y sus aguas disolventes para entender el misterio de la vida y la muerte y recuperar el poder divino y la sabiduría: las runas. Aunque en realidad recupera una sola runa, la runa del origen espiritual la cual contiene a todas las demás runas. En ésta etapa el virya se enfrenta temerariamente a la mirada de la diosa, la que contiene en sí misma el arquetipo de la disolución, el sexo y la
muerte. En cierta manera revive el momento del descenso espiritual a la materia solo que recorre el camino en dirección inversa. Tras pasar por ésta crisis o prueba el virya accede a la etapa de la Albedo en la que deja de proyectar hacia fuera su mirada (que es como una semilla generadora de Vanaheim, el mundo de los Vanir, la fertilidad y la magia) y comienza a
proyectarla hacia adentro, se “embaraza” a si mismo y adquiere la visión real, el ojo de Shiva, un entendimiento que no se enreda en laberintos dialécticos o intelectuales (en el budismo primigenio a esta cualidad de ver según la realidad se le denomina “Yhata Bhutam1).
Las aguas de la vida y la muerte se elevan por el atanor alquímico y así el iniciado devela los significados ocultos, además controla su parte inconsciente, doma y jinetea a su caballo, ya no es pensado y actuado por los complejos psíquicos y emocionales arquetípicos externos e internos del macrocosmos y del microcosmos, deja de ser un “robot” programado por un software exterior para reaccionar según un determinado número de variables condicionantes, destruye sus agregados que conforman una falsa personalidad. El virya se adueña de su microcosmos y comienza a pensar realmente “sus” pensamientos y actúa según su propia voluntad espiritual. En pocas palabras la Albedo se podría describir como ver la verdadera luz e integrar el self tras enfrentarse al propio vacío infinito y la propia oscuridad absoluta los cuales no se encuentran atados a ninguna forma o arquetípo definido.
El símbolo taoista del ying y el yang tiene en cada una de sus mitades un punto o diminuta circunferencia que precisamente se relaciona al centro ya descrito. Es lo femenino dentro de lo masculino y lo masculino dentro de lo femenino, la tensión en la relajación y la relajación en la tensión. Para un hombre el hecho de encontrar el centro no significa “ablandarse”, por el contrario significa virilizarse en un sentido espiritual. El centro es activado por el mercurio
alquímico relacionado a una fragilidad que hace reaccionar al azufre, el cual precisamente hace “hervir” a aquel metal líquido para que se eleve por el atanor, no se debe desaprovechar el combustible que enciende el fuego del espíritu para consolidar la obra del hombre absoluto y la mujer absoluta. El suizo Carl Jung se refiere al centro como self, y éste durante el proceso de
transmutación interior de un Virya-Hombre puede ser reflejado en el exterior por medio de una Valkiria, mujer valerosa que en la tradición Nórdica acompaña a los guerreros al valhalla luego de una muerte heroica. En una Intersección de voluntades cada espíritu infinito (análogo a una esfera) se proyecta hacia afuera, hacia la realidad de otro. La intersección entre ambas
esferas forma una elipse u “ojo” que es la forma gráfica que representa las cavidades del cuerpo encargadas de relacionarlo con el mundo exterior: Boca, ojos, fosas nasales, sexo femenino(los pitagóricos hacían referencia al símbolo de intersección como “Vesica Piscis”).
El Virya debe mantenerse concentrado en su centro o de lo contrario se apegara y la mujer fría dejara de ser fría y por medio de la intersección será absorbido por el aspecto Maya ilusorio de dicha mujer. Tanto en la Alquimia como en el tantrismo se puede desarrollar una relación con una mujer “de carne” que refleje o espeje la transmutación interior. De manera similar al mago Flamen de la antigua Roma para el cual era necesaria la compañía de su Flaminia, ella lo seguía en sus actividades más sin embargo ella era la fuente de poder para él, sin la transmisión de sus energías sutiles mágicas las acciones del Flamen devenían inertes (de igual manera se representa a Shiva sin Parvati). Es importante anotar que en éste sendero de la iniciación se debe previamente depurar y trascender el complejo Materno o Paterno2 ya que por ejemplo un hombre dominado sentimentalmente por su madre muy difícilmente
podrá ir más allá del despertar de un fuego telúrico y vulcánico sin conseguir la transformación rúnica o alquímica de éste azufre por lo que la obra se quedará a mitad de camino. También es posible que no consiga superar una virilidad encasillada únicamente en el aspecto fálico relacionado a la fertilidad. La Runa Tyr, la lanza y falo del poder que penetra y acuchilla debe dirigirse hacia el infinito, no solamente hacia su entorno natural.
El iniciado que ha conseguido la transmutación, es decir un cuerpo diamantino de vajra rojo puede continuar habitando entre los diferentes planos del universo material, pero va a poseer unas características similares a las de Odin después de su auto-crucifixión en el árbol del mundo: En el mito Odin sacrifica su ojo izquierdo para acceder a la fuente de Mimer en Jotunheim (mundo de los gigantes) y así puede recuperar la memoria (Minne) para poder conocer la sabiduría de las runas en Helheim (mundo de los muertos y de Hel, diosa de la
vida y la muerte). El ojo sacrificado en realidad comenzó a mirar hacia adentro de si mismo, hacia su espíritu, hacia su centro infinito que en relación al mundo exterior material aparece como oscuridad absoluta. El ojo material se sacrificó a si mismo para convertirse en un ojo espiritual. El otro ojo que conservó si está mirando al mundo exterior pero lo hace siempre referenciando y discerniendo desde su centro toda la información que recibe por medio de los sentidos. Odin vive y mira simultáneamente hacia dos mundos: Con el ojo que perdió mira
hacia el origen infinito y con el ojo que conservó mira hacia el mundo material.
Desde el primer ojo se apoya para actuar según la influencia y una ética propia del mundo incognoscible y eterno.
Una mitad de Odin se encuentra en la eternidad y la otra se encuentra en el universo material condicionado. Odin monta el corcel Sleipner que tiene ocho patas porque la mitad de ellas son la sombra o el reflejo material de lo que es verdadero y eterno, siendo esto similar al mito de la caverna de Platón en el que el hombre común ve imágenes que cree reales pero que sólo son las sombras proyectadas del mundo verdadero. Por lo tanto Odin vive en dos universos simultáneamente, uno que es infinito, increado y que en realidad es él mismo, su propia creación; y el otro que es finito, creado y regido por leyes que se despliegan en el proceso de la manifestación del tiempo y del espacio.
Cada runa en si posee un valor iniciático, todas las runas contienen una parte del gran secreto, del gran misterio, de la gnosis y de la iniciación. Igualmente cada virya encuentra a sus runas, llega a su centro infinito por uno u otro camino, por una u otra runa, aunque en realidad todas las runas son la misma runa, hacen referencia al mismo misterio: el misterio del graal, el elixir de la eternidad. Es una instancia análoga a la de una civilización antigua primordial de herencia Hiperbórea en la que a partir de una parte bien diferenciada y caracterizada se accedía al todo y desde allí se percibía el infinito. La totalidad reflejada en el conjunto de la raza espiritual de la misma manera se reflejaba y vivenciaba en cada casta y en cada persona. Más adelante en éste capítulo se hace una breve referencia al simbolismo de solamente nueve runas, pero en realidad siempre todo lo descrito se refiere a la misma runa, al mismo susurro rúnico, al mismo canto de los dioses.


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